martes, 20 de octubre de 2015

Entre el teatro de los medios de comunicación, mis primeros pinos.

Desde que tengo uso de razón, mi vida ha estado marcada por los medios de comunicación y el teatro.

Mis primeros trabajos fue para servirle como actor a mi mamá en los trabajos de televisión que hacia en la Universidad de Antioquia, cuando ella tenia unos veinti tantos y estudiaba Comunicación Social. En esos primeros años, le eramos los actores y  extras en sus prácticas televisivas. Para estar cerca de sus hijos, muchas veces, nos llevaba a sus clases magistrales de periodismo y la acompañábamos a esas tediosas cesiones de encuentros de trabajo en grupo que hacia con sus compañeros de carrera. Ellos  mientras debatían sobre política, orden público, hacían guiones para programas radiales e informes para la universidad, nosotros jugabamos, a ser periodistas, en fin...

Al principio, la verdad era muy aburridor, sobretodo en la mirada de un niño de seis años, que lo único que quería era jugar y moverme para todos los lados, teniendo presente  mi naturaleza inquieta e hiperactiva, lo que si me llamaba mucho la atención era  ver esos pasillos de gente en la universidad, y para entretenerme, me dejaban en las clases de teatro en la Facultad de Artes y me colaba en las visitas al Museo Universitario. A veces,  visitábamos  la piscina de la universidad...

Pero la emoción y gusto por los medios  tomo forma cuando  viví muy de cerca echos cargados de movimiento y adrenalina, momentos  doloroso y tristes, de la profesión de mi progenitora que yo poco entendía, sobretodo esos momentos que pasaban por los ojos de ese niño de gafas grandes que era yo. 

No niego que también eran vivencias cargadas de temor  a la perdida y a la muerte. Porque vivir en ciudad que en ese momento estaba llena de violencia por el narcotráfico, donde todas las   semanas  un carro de medicina legar  tenían que hacer en algún levantamiento de algún cadáver, el anfiteatro de medicina legar estaba atiborrado de n.n. y a esto sumarle tener una mamá periodista que le tocaba salir a veces a las 3 o 4 de la madrugada porque había estallado un carro bomba, o porque había una masacre, eso generaba un miedo y angustia por que le iba a ocurrir a ella. 

Esto lo menciono como anécdota, no porque sea temeroso y viva con delirio de persecución, sino que era un sentimiento para los que crecimos en ese momento, sobretodo el de un niño.

En cierta ocasión estábamos mercando en una cadena de grandes superficies, ubicada en el Barrio Colombia, al montarnos en el taxi, el conductor le dice a mi mamá: 
Señora, ¿Supo lo que pasó en la Macarena? 
- No señor ¿Qué ocurrió? - (el taxista suspiró con cara de dolor y cansancio y replicó) -  Estalló una bomba...
La respuesta inmediata al comentario del taxista fué 
-¡Por favor, lléveme a RCN!

El taxista la miró desconcertado, al ver a esa joven mujer con paquetes de mercado y dos niños comiendo helado. Ella tuvo que argumentar: ¡Soy periodista, y debo estar allá! 

En menos de 10 minutos, dos niños pequeños, unas bolsas de mercados y la joven periodista estaban en la sala de redacción del noticiero radial, mientras controles y periodistas se repartían funciones. 

Ella descargó a sus muchachos en una oficina contigua a  la del director, con los paquetes del mercado, y entro la cabina  para emitir en directo el horror y dolor de ese hecho suceso producido por el  narcotráfico psicótico de los 90´s. Mientras tanto, el juego de esa noche para  mi hermanita y yo, fue  jugar a contestar los teléfonos de la sala de redacción que no paraba de sonar, y hacer un picnic con el mercado y habíamos echo horas antes.

Esta y otras experiencias fueron marcando mi personalidad, el poder conocer de primera mano lo que pasaba en la ciudad, tener de lado a grandes periodistas que me trataban como un sobrino o un hijo,  el vivir un poco atemorizado por esa violencia que teníamos todos  y las ganas de seguir el camino de mi mamá, mujer a la que admiro mucho, hasta el día de hoy.

El tiempo fue pasando, murió Pablo Escobar en su propia ley, mis papás se divorciaron, nos cambiamos de barrio  y  los ritmos de la vida llevan a las personas por diferentes caminos. En el caso de mi adolescencia  busqué identificarme con actividades extracurriculares que hicieran menos tediosa mi época estudiantil, sobre todo en el colegio del cual egrese. Hice muchos cursos de teatro estudiantil, me metí a grupos juveniles, semilleros de periodismo y conocí a personas de mi generación con  los que empecé compartir algunas afinidades y gustos, por los medios, unos estaban  en la emisora, otros empezamos a escribir el periódico estudiantil, yo por mi parte también  hacia teatro los fines de semana. 

Así comencé a cruzar dos cosas que más me han gustado, el interpretar un papel ficticio como actor y estar en un escenario, esas habilidades  el cual me han servido en mi presente para las Relaciones Públicas, los eventos y la creatividad. Y ese gusto y adrenalina por estar en distintos procesos de  creación y construcción de medios de comunicación, he pasado por coordinar las comunicaciones de una sala de teatro de Medellín, la más bonita y antigua de su historia moderna, y he participado en diferentes procesos creativos, periodísticos, comunicativos y de marketing en medios de comunicación  llámese: periódico, emisora, noticiero, programas de televisión y ahora este blog.



Doméstico
@marcoamadrigal




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